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viernes, 30 de julio de 2010

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Mis recuerdos de infancia son muy confusos. Principalmente porque no los puedo ordenar, y también porque nadie en mi familia los recuerda gratamente.

Sin embargo, su hay un recuerdo que desearía poner primero, es el de un disco. "Chiquitita" de ABBA. Verlo girando repetidas veces en el tocadiscos me daba mucha felicidad. Ese recuerdo sucedió cuando vivíamos con mi abuela paterna en un mediano departamento en calle Rosal, cerca del Cerro Santa Lucía (o Huelén, pero vaya uno a saber cuántos conocen esa otra denominación). Dentro de otras experiencias que estimo durante esa estadía fueron las idas a los juegos en el Parque Forestal, los VHS de Pin Pon (sobre todo el capítulo donde hace de "El Principito") y el olor del Paseo Mulato Gil de Castro.

Sin ebargo, y cuando ya estab en la Universidad, mi mamá me explicó que la razón de nuestra estadía allá era porque mi papá no tenía trabajo y no teníamos dónde vivir. Y fue duro para ellos, porque él buscaba empleo en el norte y ella tenía que soportar comer fideos todos los días, y no necesariamente porque era lo único para comer. Mi abuela le daba a mi mamá fideos, así de simple (de ahí que a ella no le gusten). También cuando me llevaba al Parque Forestal ella hacía lo posible por alejarme de los vendedores que paseaban por allí. Así no lloraba cuando no podía pagar una golosina que quería. Otra cosa interesante que pasó allí fue que mi abuelo me llevaba a las fuentes, pero él las llamaba "donde se bañan los rotos". Yo en mi ignorancia nunca asocié "rotos" con pobres.

Pero en fin, sigamos con los recuerdos. Probablemente el primer recuerdo cronológico que tengo es de cuando vi un ratón muerto en una trampa. Me lo mostró el encargado de control de plagas, en la "casa amarilla" en la que vivíamos en Villa Caspana, Calama. Sé que ese recuerdo es uno de los primeros porque mi hermana aún no nacía. Luego nos mudamos a una casa verde cerca de allí. Ahí sí nació mi hermana, y la recibimos con aplausos la nana y yo (ella nació en Chuqui). Lamentablemente los únicos recuerdos que tengo de esos tiempos son la fachada de la casa y los aplausos.

Y luego vienen recuerdos más claros y cornológicamente ordenados. Lo cuál no es de extrañar, estamos hablando de cuando tenía 6 años y estaba yendo al colegio. Pero esos recuerdos de infancia para mí son muy valiosos, porque son los más difíciles de respaldar en fotos u otro material. De mi nacimiento y primer año hay fotos y un video, y también hartas fotos de lo que viene después. Pero esa época o experiencias quedaron fuera de mi alcance. Quizás y en algunas fotos están, pero quedaron guardadas en ese cajón de la pieza del computador en la casa donde ahora vive mi padre allá en Maipú. Y es difícil que vuelva allí.

Lo extraño, eso sí, es que no recuerdo nada de lo que después mis compañeros recuerdan en su infancia. No recuerdo pastillas media hora o alguno que otra golosina de la época. Menos lo que salía en la tele, no la veía mucho.

Y corte, que se me olvidó la conclusión.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Capitular.... ¿O era recopilar?

Bueno, heme aquí. Con más dudas en la cabeza de las necesarias. Con la mente confusa pero pensado más claramente. Las piernas están con frío, y no puedo sino pensar en el silencio que está alrededor mío, quebrado por la música que chirria desde los parlantes de mi notebook.

Pero basta ya de prosa rosada. Hablemos de qué chucha pasó conmigo y qué rayos significó mi publicación anterior.

Pues recordando lo que pasó hace ya casi dos meses, estaba yendo en el bus hacia Calama con el equipaje de una vida rellenando un paralelepípedo de casi dos metros cúbicos en un bus y mi propia e incierta vida en otro. Las cosas se veían prometedoras, dado que mi abuelo me recibiría con su mayor satisfacción, dado que él necesita de compañía en un lugar tan hostil como es Calama. Además, me tenía un lugar asegurado laboralmente como administrador de un negocio, y un espacio privado para tener mi pieza.

Pues bien, la realidad golpeó a mi puerta no mucho después, como a mediados de Noviembre.

El espacio que tenía era en realidad un pedazo de la cocina separado por un muro de madera. Eso no implica que fuese pequeño, no señor. Tenía un espacio de 2,5 x 1,5 x 2,6 m3, ideal para mí puesto que todo lo que traía cabía perfectamente. Tenía un espacio para mi colección de latas, muralla de sobra para mis posters y cajas para mi ropa y mis cachureos. De hecho, observen las siguientes fotos para darse una idea:

































































































En fin, mi espacio estaba bien. Pero el problema era el puesto que se demoraba tanto en llegar.Mientras pasaba el tiempo enviando curriculums de forma electrónica y real, y me paseaba por el centro tomando deliciosos jugos de frutas, aún la supuesta seguridad laboral estaba lejos de llegar. Sin embargo, mi abuelo me insistía en esperar, que era un trabajo seguro y que ganaría harto. Sólo había que esperar a que rehabilitaran la electricidad.

Cuál sería mi sorpresa una vez que el trabajo llegó.

Lo priimero fue una reunión con el dueño del negocio. Una de esas personas que sabes a primera vista que será un verdadero "cacho" tratar con él. Partiendo porque antes que nada quería saber qué experiencia tenía en el rubro almacenero. Luego proclamó sus 35 años en el negocio, y cómo "él sabía". Luego mi abuelo dijo unas palabras sobre mis conocimientos pero en fin, quedamos en que sería administrador-consultor. Vería qué fallas tiene el negocio y cómo hacerlo rendir más. Pues que cuando entré el primer día me pidieron que limpiara la cocina para poder habilitar el área pastelera. Ok, ningún problema. Para mí limpiar utensilios y demases estaba de más considerando lo que podíamos ganar con la vetna de pasteles. Pero luego había que quitarle los hongs al refrigerador. Después había que limpiar las mesas, quitar la harina de las paredes, ordenar la bodega, quitar la grasa del horno.... Y así, al tercer día era oficialmente el conserje. Para darle mayor gracia, mi paga consistía en $5000 diarios por trabajar desde las 9:00 hasta las 9:00, con derecho a desayuno, almuerzo y once. No trataba con los clientes ni veía la caja, así que lo de consultor me quedó corto por falta de antecedentes. Y qué decir de "administrar"... Como sea, mi abuelo se sintió ofendido por el trabajo que tenía y que falsamente le habían adornado. Así que habló con el dueño, quien al día siguiente habló conmigo. Y ahí se estapó la olla. Todo era un cuento, yo no iba a ser el administrador ni consultor de nada. Si bien le expliqué que para poder saber qué fallas tiene el negocio hay que hacer un estudio exhaustivo y largo sobre lo que se vende, cómo se ve el local, y etcétera, el dueño fue bien claro: A él le importaba ganar plata. Y el negocio como está, sin siquiera vender pasteles, rinde plata. Así que tenía que quedarme con lo que podían entregarme. Y así, sin ton ni son, me resigné a seguir limpiando.

Unos días después, me mandaron a realizar trámites. Querían ver si podían abrir la pastelería de forma legal. Claro, una simple hojeada a los papeles que me entregaron me hicieron saber que el local estaba lleno de irregularidades. No estaban al día los papeles de avalúo fiscal (eso fue lo único que le correspondía a un tercero, el dueño del sitio), habían multas por SII y el SEREMI de salud por operar la pastelería sin permiso, y los derechos de aseo no estaban pagados... Ya, como sea. Mientras realizaba eso mi mamá se enteró de mi empleo de mala muerte y me ofreció una alternativa: Ir a El Salvador a vender artesanías a una feria a la que nos invitó mi Tía Teruca. No cavilé ni nada, me lancé a los leones y tomé los buses que me llevarían a esa desolada ciudad-campamento y a mi relato anterior.

No digo que me fue excelente. Digamos que en total neto salieron como 60 lucas. Pero para los estándares de ventas que tenemos fue poco. Sobrevaluamos el potencial de gasto de los trabajadores de CODELCO. Aparte, la feria se hizo justo entre el suple y el día de pago ("suple" es el anticipo), y era el único, sino uno de los pocos afuerinos de la feria así que nadie me conocía y por ende no existían fiados. Como sea, volví a San Pedro con la mayoría de la mercadería, sin empleo otra vez. Y ahí tomé la desición de probar suerte acá en San Pedro.

En parte también la desición la tomé con otras variables encima. Mi hermano necesitaba urgente un buen repaso en matemáticas y química si quería pasar de curso, y mi mamá se oba a Santiago-Valpo con Samuel, su pareja. Por lo que mientras cuidaba de la casa, la perra de Samuel y mi hermano, salía a dejar currículums y asistir a entrevistas.

Pasaron dos semanas antes de que tuviese el puesto que tengo ahora.

Sí, el ahora. En estos momentos son las 4:40 de la mañana. Trabajo en el Kimal, uno de los mejores hoteles de San Pedro de Atacama. En estricto rigor soy un reemplazante, o sea relleno los puestos vacíos de lo que se necesite, pero me sesgaron a trabajar como nochero, recepcionista o "mantención" (maestro chasquilla). Trabajar de nochero es lo más simple, sólo debo preocuparme de las luces, el portón, los turistas que se deben despertar temprano y barrer. El recepcionista hace más papeleo. Y realmente no se requiere mucho conocimiento para arreglar lo que se eche a perder, más allá de electricidad, gasfitería y mezclar bien los polvos de cloro en la piscina.

Aparte de eso, mi hermano logró pasar de curso. Estoy aprendiendo francés. Me estoy volviendo una persona más relajada, aunque eso lo dejo para otra entrada. Y me llevo bien con Samuel, dado que por un lado pensamos demasiado parecidos ("las mentes raras piensan igual" o algo así), y por otro él es súper tirado a la talla, lo que me ha ayudado a relajarme. Quizás lo único que me complica en estas horas es mi postulación.

Verán, la idea es irme a Iquique con mi hermana y así compartir gastos mientras estudiamos. Pero no imparten carreras profesionales relacionadas con la electrónica allí. Lo más cercano es informática. Por otro lado, están los técnicos. Pero me fue bien en la PSU. No tan bien como quería pero bien (L 674, M 756, C 734, H 664, NEM 702), y el punto es que adonde postule en Iquique quedo. ¿Pierdo esa oportunidad por un técnico?¿o me inclino por los beneficios económicos?¿o me voy a otro lado?¿y los gastos? Y eso que no estamos tomando en cuenta otra opción de tipo laboral...

Eso, pues. Ya se acerca el momento de regar el frontis así que lo dejo hasta acá. Creo que lo único que podría decir que me falta es su compañía. En serio, es difícil vivir donde nadie te conoce salvo tu familia. De repente una charla de amigos se hace tan.... Complementaria. Como si extrañara el aceite de unos buenos tomates con cebolla.

En fin, espero les esté yendo bien. Yo comentaré cuando pueda. Al menos de madrugada se hace más fácil. Feliz solsticio de verano a todos.

martes, 20 de octubre de 2009

Resurrección (no, no ESA resurrección)

Saludos a todos. Espero les haya ido bien en estos días. Para mí, ya mis días en Santiago han pasado a ser un recuerdo, y me he visto ya asumido en mi nueva realidad.

La realidad de estar viviendo en Calama.

Ya hace unos días que llegué aquí, y recién ahora puedo relajarme y empezar a escribir, dado lo ocupadísimo que he estado a la hora de establecerme en mi nuevo espacio, buscar empleo y actualizar todos mis servicios. Se podría decir que recién en los próximos días podré decirles con seguridad que estoy tranquilo, con los objetivos claros y empezando mi vida otra vez.

Para empezar, les cuento que mi abuelo me recibió de forma bastante amigable. A pesar de lo cansado que fue lograr embalar todo, despacharlo, y abordar el bus en la misma tarde, logré dormir lo suficiente para poder conversar con él hasta bien pasada la noche. Aunque creo que aquí hay que colocar una acotación: El bus partió a las 10:00 de la noche y llegó a Calama a las 7:00 de la tarde. Se demoró un poco por unas protestas que hay en Sierra Gorda, aún no conozco los detalles. Iba con mi mochila en la espalda cargada hasta el contre con ropa, artículos electrónicos y de aseo; mi guitarra en un hombro llena de carpetas de primera prioridad; un bolso en el otro hombro donde tenía revistas, más ropa, zapatos y una foto; una bolsa en una mano con mi abrigo café, mi reloj de casi toda la vida (lamentablemente se le quebró un trozo en el viaje y tendré que arreglarlo con masilla o algo) y más ropa; entremedio un saco de dormir con mi taza azul y más ropa; y una bolsa con mi planta. Como un equeco. Menos mal que me comí todo lo comestible que me llevé. En fin, llegué y fui recibido con una deliciosa cojinova al horno.

El espacio que me fue asignado es muy parecido a lo que uno coloquialmente denomina "cagá". Digamos que en principio era de 2,28 x 1,56 m2, pero hoy movimos el panel de madera (porque esta pieza es en realidad un pedazo de la cocina)medio metro más. Eso me ayudará bastante a acomodar lo que traje por encomienda.

En lo que respecta a empleo, estoy evaluando tres opciones: Encargado de almacén, recepcionista de hotel o vendedor de calzado deportivo. Por el momento estoy haciendo lo que puedo para que salga el del almacén, puesto que es el más rentable. Pero si no resulta, igual puedo seguir recorriendo Calama con currñiculum en mano.

Y bueno, Calama es un lugar eternamente soleado. A lo más existe nubosidad parcial, y el sol pega fuerte. FUERTE. Menos mal que traje bloqueador, pero igual terminaré con un tostado que es típico de todos los habitantes. También es un lugar extraño. Partiendo porque los taxistas, automovilistas y micreros, TODOS te ceden el paso.Aún si estás en medio de la calle. Eso me pone bastante incómodo. También es una ciudad pequeña. Pequeñita. Como del porte de Maipú, o menor. Por lo que el hecho de que hayan tantas micros y colectivos es raro. Puedo llegar al mall caminando, a la feria caminando, a cualquier población caminando. Y el mall, eso sí es gracioso, el mall está muy cerca del centro. Pero está en medio de la nada. Literalmente. Lo construyeron a un costado de un sitio eriazo. Y la gente camina por el sitio eriazo para llegar. Igual lo pasa una avenida, pero tener casi 300 metros de tierra por todos lados lo hace un lugar inhóspito. Y al lado está el casino. No pienso visitarlo así que más allá de que la fachada está a un costado (y no en la avenida misma) es lo único que merece mención.

Y bueno, también he aprovechado de ver a la familia. Mi hermano me visitó el Domingo y me ayudó a... Bueno, me ayudó a ordenar la pieza, que estab llena de objetos de la Fran. A ella tendré que visitarla yo, puesto que no piensa volver en harto tiempo, aunque he hablado con ella por teléfono. Y a mi mamá la veré en la semana, tanto cuando ella venga a Calama como cuando vayamos a San Pedro para recrearnos.

Es interesante que donde vivo estoy en un paseo peatonal enrejado, ubicado a un costado del centro deportivo y artístico municipal, que está en la calle principal de Calama, en el centro mismo. Es como vivir en el Paseo Bombero Ossa, pero en vez del Banco Santander tengo joyerías. Esto me ha ayudado para conseguir lo que necesite rápidamente.

Y por último, ya estoy casi listo configurando la red inalámbrica, por lo que podría estar disponible a través de mi notebook. Aparte estoy estudiando para la PSU, y esperando a que todo me resulte como espero. Créanme que me siento bastante satisfecho por la desición que tomé, y confío en que esto ayudará a que forje un futuro más sólido para mí.

Pronto les mostraré fotos, más noticias y, bueno, espero me cuenten de ustedes también.

Nos vemos.

lunes, 4 de febrero de 2008

¿Y qué fue de mí?

¿Qué tal todos? Supongo que la han pasado bien últimamente. Lo que es yo, imagínense todo lo que les tengo que contar aquí, en el lejano pueblo de San Pedro de Atacama, en medio de la nada mejor conocida como el Desierto de Atacama.

Bueno, primero empecemos por el embalaje. Ya había presentado nuestro producto en Taller IV y, francamente, me sentí mucho mejor una vez que terminó esa gran odisea. Para los que no recuerdan, nuestra presentación consistía en una variedad de trigo con resistencia a áfidos mediante sobreexpresión del gen de la fenilalanina amonio liasa (PAL), y para lograr una buena presentación contamos con todo un equipo de apoyo, incluyendo a gente del laboratorio de bioquímica (incluyendo a Ricardo Cabrera), del INIA (Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias) y de otros sectores (como el profesor Argandoña, del laboratorio de fisiología vegetal). Como sea, ya con eso concluído, y esperando la nota final, empezamos una increíble "carrera empaquetadora", en la cuál yo y mi mamá embalamos todo lo que podía ser necesario y lo que podía ser extrañado. Mis hermanos ya habían embalado algo, pero se fueron en avión cuando aún faltaban la mayoría de las cosas, como los muebles y los materiales de la mamá, lo cuál nos dejó trabajando como chinos durante seis días, y en donde también nos ayudó gentilmente Nelsi y su nieto Rodrigo (a quién les agradecemos mucho por lo demás. Pues bien, después vino la odisea de llevarlas a TurBus cargo, donde el tipo se impresionó un poco (un poco digo porque ya habíamos llevado una carga en Noviembre y porque mi mamá siempre envía trabajos suyos a la tienda de mi mamá, lo que la hace cliente frecuente de la compañía) con la cantidad de paquetes que llevamos. De hecho, se necesitaron cuatro viajes para llevar toda la carga.

Ya pues, teníamos los paquetes en camino y ya llevábamos buena parte de los paquetes portátiles en la camioneta. Ea hora de irnos, o al menos eso dijimos el Miércoles. Pero aparecían cosas que no embalamos, una fiesta de despedida para mi mamá y entre eso y los últimos trámites y compras (en donde aproveché de comprar poleras) partimos el Viernes a las seis de la tarde, con la consiguiente despedida de todas las amigas de mi mamá. Igual nos faltaron cosas por hacer. No nos despedimos del Cajón del Maipo, no vimos qué fotografías llevar ni alcancé a enviarle el regalo de cumpleaños a Felipe Medina. Pero ya estábamos encaminados. Teníamos que irnos en ese momento (estamos hablando del Viernes 21 de Diciembre) o si no no llegaríamos antes de Navidad. Por lo que una llenada de tanque, darle pastillas tranquilizantes a la Cleo y partimos en lo que sería mi primer "roadtrip".


Aquí está Cleo en modo "anestesiada". Nótensen los ojos desorbitados.



Primera parada, un servicentro Esso ubicado cerca de Santiago. Tenía hambre y no comimos nada antes de salir de la casa. Así que me comí un churrasco más o menos seco y mi mamá se tomó un café vienés que lellegó como patada en la guata. De ahí nos volvimos a detener en los puesto de La Ligua y compramos dos docenas de pasteles: 12 empolvados y 12 lengüitas. Una vez hecha la compra (y comprobando que los pasteles no estaban malos), seguimos camino hasta que nos venció el cansancio a la altura de Los Vilos. Razonable porque estuvimos empaquetando hasta las cinco de la madrugada la noche anterior y nos despertamos a las ocho para continuar con los trámites. Nos paramos en una residencial con estacionamiento y dormimos.

Dos cosas interesantes sobre esto son que hay algo sobre las camas de las residenciales y cabañas y hostales y demases, o al menos las que se ubican cerca de la costa, y es que todas son duras pero al final siempre terminan moldeándose a tu postura, cosa de que despiertes y veas tu contorno como un molde en el colchón. La otra cosa es que durante todo el viaje íbamos con Cleo en una de esas jaulas para ellos, pero al final la soltamos y la dejamos vagar tanto en la habitación que nos tocó como luego dentro de la camioneta. Así que ahí estuvimos, viendo "Morandé con Compañía" por última vez (allá no llega la señal a través de televisión abierta) y a la mañana siguiente continuamos nuestro viaje.

La primera parada del Sábado fue infaltable: Las famosas empanadas de Huentelauquén. Comimos dos per cápita, mi mamá guardó una, tomamos jugo de papaya y seguimos satisfechos con nuestro desayuno. La siguiente parada fue en Totoralillo, una península (que al principio fue isla) ubicada unos kilómetros al sur de La Serena. Deberían verla, es como un trozo del caribe perdido en Chile (sin contar Bahía Inglesa), con aguas color turquesa y playas blancas. Ahí yo comí un ceviche, mi mamá unos caracoles que al final me dió la mitad, y aprovechamos el día nublado para mojarnos los pies. Y meditamos. Una buena meditación. Para rematarla con una llave "pico de loro" que encontramos al volver a la carretera.


Acá está el famoso lugar donde venden las exquisitas empanadas de Huentelauquén.





La península de Totoralillo.

La siguiente parada fue Coquimbo. Ahí lo primero que íbamos a hacer era pasar al terminal pesquero. Fue lo tercero porque en La Herradura pasamos a la pastelería de las Carmona y compramos pasteles para nosotros y una gran torta a petición de la abuelita. En el camino encontramos un cubrevolante usado en el camino que supusimos que le serviría a Álvaro, del cuál hablaré más adelante. Llegamos al terminal y pasé a comprar las inconfundibles empanadas de marisco del Romané, famosas en todo chile. Comimos y partimos a ver a unos de nuestros pocos parientes que aún no se ha ido de allá: El famoso Tío Oscar. Ahí estaba, en su casa de siempre en el barrio de siempre, con sus reclamos de siempre y sus historias de siempre junto a sus aparatos de siempre y los diarios viejos de siempre. Excepto porque ahora tiene una gallina. Y muChas más flores en el jardín, que es lo que mejor sabe hacer. Mi mamá se llevó unas hierbas, unas plantas y uno que otro codo y nos tomamos esas fotos. Ya con la despedida hecha, pasamos por un invernadero a comprar las últimas plantas y seguimos nuestro viaje.


El tío Oscar con mi mamá y la Cleo.






Vista de la ciudad de La Serena.

Cabe destacar el complejo escenario que es pasar por la cuesta Porotitos y Buenos Aires, por lo que mi mamá tomó el mando en ese momento. Iba a seguir yo, pero mi mamá no soltó el volante hasta que llegamos a su tierra natal, Vallenar. Lo que me sorprendió era que mi mamá tenía razón cuando decía que se parecía demasiado a San José de Maipo. Lo que más le sorprendió a ella era que nada había cambiado en el centro, a pesar de la gran expansión se sufrió la ciudad desde que ella se fue hace más de treinta años. Parecía que el tiempo se hubiese detenido, lo que la hizo reflexionar sobre cómo si ella se hubiese quedado habría terminado igual, sin cambios. Lo cuál para ella era algo que rechazaría de inmediato si le diesen la opción.Imagínense, ahí nosotros en una camioneta con destino al fin del mundo, huyendo de tanto sufrimiento, pero aún así para ella valía la pena frente a lo que veía. Da para pensar, ¿no?. Bueno, estábamos ahí, pues compremos lo típico de ahí: Aceitunas, arrope y pajarete. Las aceitunas fueron lo único que no resultó porque no estaban buenas. En fin, compramos más cinta para arreglar el constructo que hicimos en la camioneta y continuamos bajo la luz del atardecer rumbo a Copiapó.


Cartel que da la bienvenida a Vallenar.

Bueno, ya es noche de Sábado y empieza a darnos hambre, pero no habían restaurantes a la vista con estacionamiento para vigilar, por lo que, aparte de una parada a fotografiar el frontis de la muncipalidad, que tenía una bella representación de arte rupestre, mi mamá manejó hacia Caldera para ver si había alguna posada que tuviese comida para nosotros. Y la había, la única de todo el camino. Y tenían un suculento y gran plato de cerdo a la olla con arroz y papas con cebolla, junto con una bebida y un tazón de té (y con tazón me refiero a casi un plato). Lo único molesto de esa cena (dicho sea de paso, eran como las dos de la madrugada), fue que los televisores estaban "a todo chancho" mostrando una extraña pelea en el ESPN, en la cuál todo valía y el primero que quedaba inconsciente o se rendía era el perdedor. Estos gringos y sus ideas locas y violentas (aunque tienen competencia en lo raro). En fin, las tres se acercaban, había que buscar un lugar para dormir, por lo que seguimos camino hacia Caldera. No había lugar, todo estaba lleno. Seguimos hacia Chañaral. Tampoco había lugar, todo lleno. Proseguimos, hasta que nos venció el cansancio y nos detuvimos en un lugar que pronto descubriríamos que se llama Aguas Verdes. Ahí había un pequeño restaurant que estaba cerrado por falta de víveres, pero igual nos vendieron una Canada Dry la cuál, junto con los dulces de La Ligua que nos quedaban, fue nuestro desayuno una vez despiertos. Manejo yo, llegando hasta La Negra, el barrio industrial de Antofagasta. Un lugar lleno de polvo blanco de las fábricas y palmeras relativamente vivas. Ahí paramos en una Copec más bien dedicada a los camiones (una máquina para gasolina versus seis de Diesel, todas ocupadas), y pasamos al restaurant "La Rueda", para almorzar el menú del día (ensalada, crema de porotos y carne mechada con arroz). Bien, con todo eso más parte del menú de mi mamá manejé hacia Calama con sólo dos paradas: La Mano del Desierto y el Trópico de Capricornio. Para la Mano del Desierto nos sacamos fotos tanto yo como mi mamá, pero en el monolito del trópico sólo me bajé yo y mi mamá me sacó la foto. Una vez en Calama al atardecer hicimos las últimas compras: Un poco de fruta, algo de carne y cosas de perfumería. También pasamos a ver a Josefina, una antigua empleada de mi abuela y a mi abuelo Silvano. Mi mamá retoma el volante camino a San Pedro, y salvo una discusión que tuvimos respecto a mi comportamiento, el viaje resultó bastante tranquilo. Llegamos como a las doce y media, nos saludamos, tomamos once y nos fuimos a dormir.


El mural de Copiapó.







La Mano del Desierto.







Yo en el monolito del trópico de capricornio.







Entrada a Calama.







Josefina con su hijo y su pareja, mi mamá y mi abuelo Silvano.







Última foto del viaje. La Cordillera de la Sal.






En resumen, podríamos decir que fue un viaje lleno de cosas que contar para tan poco tiempo en viaje, pero al fin y al cabo lo que más nos importaba era el destino: El inicio de una nueva vida. Y vaya que nos esperaba bastante en esta nueva vida.