Mis recuerdos de infancia son muy confusos. Principalmente porque no los puedo ordenar, y también porque nadie en mi familia los recuerda gratamente.
Sin embargo, su hay un recuerdo que desearía poner primero, es el de un disco. "Chiquitita" de ABBA. Verlo girando repetidas veces en el tocadiscos me daba mucha felicidad. Ese recuerdo sucedió cuando vivíamos con mi abuela paterna en un mediano departamento en calle Rosal, cerca del Cerro Santa Lucía (o Huelén, pero vaya uno a saber cuántos conocen esa otra denominación). Dentro de otras experiencias que estimo durante esa estadía fueron las idas a los juegos en el Parque Forestal, los VHS de Pin Pon (sobre todo el capítulo donde hace de "El Principito") y el olor del Paseo Mulato Gil de Castro.
Sin ebargo, y cuando ya estab en la Universidad, mi mamá me explicó que la razón de nuestra estadía allá era porque mi papá no tenía trabajo y no teníamos dónde vivir. Y fue duro para ellos, porque él buscaba empleo en el norte y ella tenía que soportar comer fideos todos los días, y no necesariamente porque era lo único para comer. Mi abuela le daba a mi mamá fideos, así de simple (de ahí que a ella no le gusten). También cuando me llevaba al Parque Forestal ella hacía lo posible por alejarme de los vendedores que paseaban por allí. Así no lloraba cuando no podía pagar una golosina que quería. Otra cosa interesante que pasó allí fue que mi abuelo me llevaba a las fuentes, pero él las llamaba "donde se bañan los rotos". Yo en mi ignorancia nunca asocié "rotos" con pobres.
Pero en fin, sigamos con los recuerdos. Probablemente el primer recuerdo cronológico que tengo es de cuando vi un ratón muerto en una trampa. Me lo mostró el encargado de control de plagas, en la "casa amarilla" en la que vivíamos en Villa Caspana, Calama. Sé que ese recuerdo es uno de los primeros porque mi hermana aún no nacía. Luego nos mudamos a una casa verde cerca de allí. Ahí sí nació mi hermana, y la recibimos con aplausos la nana y yo (ella nació en Chuqui). Lamentablemente los únicos recuerdos que tengo de esos tiempos son la fachada de la casa y los aplausos.
Y luego vienen recuerdos más claros y cornológicamente ordenados. Lo cuál no es de extrañar, estamos hablando de cuando tenía 6 años y estaba yendo al colegio. Pero esos recuerdos de infancia para mí son muy valiosos, porque son los más difíciles de respaldar en fotos u otro material. De mi nacimiento y primer año hay fotos y un video, y también hartas fotos de lo que viene después. Pero esa época o experiencias quedaron fuera de mi alcance. Quizás y en algunas fotos están, pero quedaron guardadas en ese cajón de la pieza del computador en la casa donde ahora vive mi padre allá en Maipú. Y es difícil que vuelva allí.
Lo extraño, eso sí, es que no recuerdo nada de lo que después mis compañeros recuerdan en su infancia. No recuerdo pastillas media hora o alguno que otra golosina de la época. Menos lo que salía en la tele, no la veía mucho.
Y corte, que se me olvidó la conclusión.
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viernes, 30 de julio de 2010
miércoles, 28 de enero de 2009
La Odisea,
Uff, esta sí que estuvo buena. Volver a sentir las delgadas y suaves teclas del notebook me reactivó mi ritmo habitual de escritura, permitió dar las condiciones para hablar de una crónica, una historia y un debate.
La Crónica: Creanme que para mí no es nada gracioso ver las caras de confusión y asombro de los empleados de librerías cuando les pregunto si tienen libros de Douglas Adams. Bueno, tampoco es como exigible que un empleado se sepa todos los tírulos, autores y contenidos que maneja la tienda, dado que no creo que tal autómata exista espontáneamente y ya una persona me había comentado que eso es un error común. Pero las preguntas son ¿Por qué pregunto eso, y por qué nadie me da una respuesta rápida?
Bueno, extrañamente supe de Douglas Adams años después de que él muriera (aunque eso en realidad da lo mismo si leen a Lillo, Rosseau, Shakespeare o tantos otros literatos difuntos famosos, pero en este caso murió en mi historia de vida, el 2001), cuando en una promoción especial del Blockbuster donde podías pedir 10 películas pero de dos en dos a un menor precio total y con mayor holgura de devolución por ahí por el 2007, buscaba qué película llevar con "Exterminio", y por ahí mientras vagaba encontré la película de "La Guía del viajero intergaláctico" en la vitrina de comedia. Como un fanático tanto de la comedia como de la ciencia ficción, me animé a verla. Y me quedé hasta como las 3 de la mañana viendola otra vez con los comentarios y viendo las escenas y en fin, quemando el DVD. Simplemente me encantó, aunque creí que era una idea nueva...
En ese sentido, como que la acotación sobre la segunda pregunta va bien aquí. Yo creí que era una idea nueva porque no tuvimos mucho contacto internacional antes de los '90 con la llegada del cable. En ese sentido, con suerte y nos enteramos de clasicazos como Mr. Bean o Benny Hill porque fueron éxito rotundo en el mundo y España (y no al revés). Pero cosas más "británicas" como Monty Phyton y THHGttG no llegaron a estas tierras o si lo hicieron mi familia lo filtró como aburrido. Si en ese sentido nos sentábamos a ver El Show de Benny Hill en el canal Showbiz (canal 23, Metrópolis, por ahí por el '98) y aún pasan Mr. Bean en el Mega cuando se les acaban las pelis de Cantinflas los Domingos. En fin, me gustó la peli pero recién en Agosto del 2008 una historieta de una cuenta que observo me hizo ver todo el mundo que había detrás. O sea, ¡partió en la radio! Eso para mí era como la novedad del año, pensar que existen programas que no son sobre líos amorosos o saludos a amigos o noticias que triunfaron en la radio. Y luego vino el libro, la serie de TV, el juego y RECIÉN la peli. Estaba anodadado, había que buscar tangibles. El juego lo pillé altiro, es del '84, pesa poco menos de 300 kb y corre en DOSbox. La serie de TV la alcancé a ver en youtube antes de que la botaran por (c). Pero los libros... ¿Dónde consigo los libros?
Volviendo al punto 1, empecé a buscar el libro. Eso sí, partí recién cuando estaba descansando enfrente de la Librería de Chile que está en Huérfanos y me pregunté si estaba "Canal 76" de Rodrigo Salinas. Nada que ver, pero el empleado me preguntó si quería algo más, y se me prendió la chispa. Y así empezó, primero en las librerías del centro. Luego en las de Providencia. Pasando por las de malls (de oriente, porque en poniente parece que no venden) y finalmente por las de libros usados. A lo más venden "El restaurant del fin del mundo" en algunas, y ya en las de libros usados me dijeron que era alta la demanda y si llegaban se iban altiro. En fin, habrá que seguir buscando. No he probado en San Diego ni Franklin (aunque igual no sé para qué me esfuerzo si no tengo ni plata para comprar unos audífonos piñufles para mi pendrive)
Bueno, eso. Como tengo sueño la historia y el debate quedarán en otra entrada. Nos vemos.
La Crónica: Creanme que para mí no es nada gracioso ver las caras de confusión y asombro de los empleados de librerías cuando les pregunto si tienen libros de Douglas Adams. Bueno, tampoco es como exigible que un empleado se sepa todos los tírulos, autores y contenidos que maneja la tienda, dado que no creo que tal autómata exista espontáneamente y ya una persona me había comentado que eso es un error común. Pero las preguntas son ¿Por qué pregunto eso, y por qué nadie me da una respuesta rápida?
Bueno, extrañamente supe de Douglas Adams años después de que él muriera (aunque eso en realidad da lo mismo si leen a Lillo, Rosseau, Shakespeare o tantos otros literatos difuntos famosos, pero en este caso murió en mi historia de vida, el 2001), cuando en una promoción especial del Blockbuster donde podías pedir 10 películas pero de dos en dos a un menor precio total y con mayor holgura de devolución por ahí por el 2007, buscaba qué película llevar con "Exterminio", y por ahí mientras vagaba encontré la película de "La Guía del viajero intergaláctico" en la vitrina de comedia. Como un fanático tanto de la comedia como de la ciencia ficción, me animé a verla. Y me quedé hasta como las 3 de la mañana viendola otra vez con los comentarios y viendo las escenas y en fin, quemando el DVD. Simplemente me encantó, aunque creí que era una idea nueva...
En ese sentido, como que la acotación sobre la segunda pregunta va bien aquí. Yo creí que era una idea nueva porque no tuvimos mucho contacto internacional antes de los '90 con la llegada del cable. En ese sentido, con suerte y nos enteramos de clasicazos como Mr. Bean o Benny Hill porque fueron éxito rotundo en el mundo y España (y no al revés). Pero cosas más "británicas" como Monty Phyton y THHGttG no llegaron a estas tierras o si lo hicieron mi familia lo filtró como aburrido. Si en ese sentido nos sentábamos a ver El Show de Benny Hill en el canal Showbiz (canal 23, Metrópolis, por ahí por el '98) y aún pasan Mr. Bean en el Mega cuando se les acaban las pelis de Cantinflas los Domingos. En fin, me gustó la peli pero recién en Agosto del 2008 una historieta de una cuenta que observo me hizo ver todo el mundo que había detrás. O sea, ¡partió en la radio! Eso para mí era como la novedad del año, pensar que existen programas que no son sobre líos amorosos o saludos a amigos o noticias que triunfaron en la radio. Y luego vino el libro, la serie de TV, el juego y RECIÉN la peli. Estaba anodadado, había que buscar tangibles. El juego lo pillé altiro, es del '84, pesa poco menos de 300 kb y corre en DOSbox. La serie de TV la alcancé a ver en youtube antes de que la botaran por (c). Pero los libros... ¿Dónde consigo los libros?
Volviendo al punto 1, empecé a buscar el libro. Eso sí, partí recién cuando estaba descansando enfrente de la Librería de Chile que está en Huérfanos y me pregunté si estaba "Canal 76" de Rodrigo Salinas. Nada que ver, pero el empleado me preguntó si quería algo más, y se me prendió la chispa. Y así empezó, primero en las librerías del centro. Luego en las de Providencia. Pasando por las de malls (de oriente, porque en poniente parece que no venden) y finalmente por las de libros usados. A lo más venden "El restaurant del fin del mundo" en algunas, y ya en las de libros usados me dijeron que era alta la demanda y si llegaban se iban altiro. En fin, habrá que seguir buscando. No he probado en San Diego ni Franklin (aunque igual no sé para qué me esfuerzo si no tengo ni plata para comprar unos audífonos piñufles para mi pendrive)
Bueno, eso. Como tengo sueño la historia y el debate quedarán en otra entrada. Nos vemos.
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lunes, 26 de enero de 2009
Noticias desde la otra pantalla
Bueno, ya es fin de Enero y tengo mucho que contar, aún considerando que no pasa mucho por aquí.
Creo que una de las cosas por la que más me siento ofuscado y a la vez animado es que me devolvieron mi notebook. Sí, mi gran apéndice y mi mejor ayuda durante el 2008. Volvió de una de las fallas más graves de mi historia en el mundo de la computación desde que la tarjeta madre de mi papá estalló en llamas. Básicamente, el disco duro se volvió un montón de basura y me lo tuvieron que reemplazar. Igual me hubiese gustado que lo arreglaran para rescatar la información, pero según parece no se pudo o se iban a demorar mucho (lo entregué el 12 de Diciembre y me lo pasaron el 22 de Enero [ricas las tres semanas :P]) Bueno, eso me enseñó dos cosas: Respalda tu información, no importa cuántos DVDs o discos duros externos sean. Y que cuanto antes dejes las cosas como quieres, mejor. Y justamente esta oportunidad me permitió cambiar el asqueroso Windows Vista por el XP... Ok, con ubuntu hubiese sido excelente, pero qué va, me gusta jugar y la mayoría de los juegos son para Windows.
En fin, para lograr eso tuve que hacer varias cosas. Primero, conseguir una versión de Windows XP que contenga los drivers del disco SATA. Ahí me ayudaron los argentinos de Taringa!. Después vino la súper actualización de Windows uE con service pack 3, cortesía de Bj y que uno se puede conseguir con una buena búsqueda. Luego vino el "D'Oh" cuando recordé que no respaldé los controladores, y quedé con el compu sordo, mudo y miope. Para más remate, para dejarnos atados con Vista los de HP no entregan los controladores para XP (o al menos los esenciales)... O quizás estoy paranoico y están por ahí en la página, el punto es que no los encontré, no estaban donde dicen que están y casi me rindo, pero un usuario que pasó por lo mismo publicó lo necesario en su blog, así que una vez superado ese contratiempo (lo más difícil fue poner el sonido) ya dejé el computador listo... O casi. Falta TATAN validar windows. Ahora está listo. ¡Noooo! Falta el service pack 3. Porque si hay algo que decir de un SO es que nunca está completo... En fin, ahora hablemos sobre lo que vino y viene.
Por otro lado, mi búsqueda de un mejor empleo finalmente dió frutos... ¿O dos? Verán, he ido a cientos de lugares para conseguir un mejor empleo, he enviado ya más de 50 currículums a diferentes direcciones a ver si consigo algo mejor, y hasta ahora mis mejores cartas son sólo dos: O me llaman para vender inscripciones en el Club de Campo Las Vizcachas o voy a que me capaciten para vender cursos de inglés en el Alief. La pregunta es ¿Por cuál me decido?¿el estable y seguro pero difícil (Las Vizcachas) o el no tan seguro pero más fácil (Alief)? No lo sé, lo sabré al despertar mañana. Y aparte que quieren que vaya a KEO o OKE no lo recuerdo bien, para que vean qué nivel de inglés tengo. Pero hay otra cosa interesante: ¿Podré seguir trabajando después, con estudios y todo? Eso es algo que sabré recién en Marzo.
¿Qué pasa en recreación? Pues la semana pasada fui a ver "Persépolis" por segunda vez en el Instituto Cultural de Providencia. Me acabo de acordar que podía ver "Kirikou y la bruja", pero se me olvidó y estaba pendiente de otras cosas en casa. Además, me encanta Persépolis, porque tiene de todo: Te hace reir, llorar, pensar, enrabiar, lamentar, sorprender y bueno, todo lo que uno observa en el público si uno presta atención. Y es que Marjane tiene una forma muy simple pero efectiva de mostrar su punto de vista, y eso es algo que siempre he valorado. Cada vida es tan valiosa como la del vecino, y aunque no muchos han vivido en guerra, puedo asegurar que muchos de nosotros somos como una película en rodaje, esperando el momento de editar y estrenar al público. Y en lo personal siempre he seguido ese tipo de historias, como por ejemplo el caso de Marcela Trujillo acá en Chile. Y de hecho aún recuerdo el pique para ver Persépolis en la única sala del Cinemark Alto Las Condes a las 10 de la noche porque no había otra función. Y eso que me arriesgaba a no tener micro de vuelta. En fin, cuando tenga las 40 lucas compro la colleción de cómics, antes no.
Y en el mismo tema, fui a ver todo el espectro de exposiciones que el Museo Nacional de Bellas Artes ofrece respecto a los 200 años de la narración gráfica en Chile (o cómics, como les decimos de repente). La extendieron hasta Marzo, así que aprovechen de ir a verla. Ahora, si tienen plata y tiempo también vayan a ver las exposiciones de los Mall Plaza Vespucio y Norte. La del Trébol está definitivamente muy fuera de mi alcance en este momento :P
En lo que respecta a Santiago a Mil, pues no fui nunca porque o estaba trabajando o no sabía cuándo ni dónde. Que les sirva de lección: Planifiquen su mes y averigüen lo que hay en cartelera. A ver si para la otra no me pierdo a los coreanos.
También he andado en la odisea de pillar libros de Douglas Adams. Pero eso lo explicaré en otra parte.
Bueno, me quedé con sabor a poco respecto a lo que dije recién, pero esto es sólo un "raspado" de lo que me ha pasado. Más tarde hablaremos más a fondo, mientras configuro mi notebook y recupero la información perdida (o parte de ella).
53 114!!
PD: También pasé hoy por primera vez por un Starbucks. Jamás había probado un café como ese.
Creo que una de las cosas por la que más me siento ofuscado y a la vez animado es que me devolvieron mi notebook. Sí, mi gran apéndice y mi mejor ayuda durante el 2008. Volvió de una de las fallas más graves de mi historia en el mundo de la computación desde que la tarjeta madre de mi papá estalló en llamas. Básicamente, el disco duro se volvió un montón de basura y me lo tuvieron que reemplazar. Igual me hubiese gustado que lo arreglaran para rescatar la información, pero según parece no se pudo o se iban a demorar mucho (lo entregué el 12 de Diciembre y me lo pasaron el 22 de Enero [ricas las tres semanas :P]) Bueno, eso me enseñó dos cosas: Respalda tu información, no importa cuántos DVDs o discos duros externos sean. Y que cuanto antes dejes las cosas como quieres, mejor. Y justamente esta oportunidad me permitió cambiar el asqueroso Windows Vista por el XP... Ok, con ubuntu hubiese sido excelente, pero qué va, me gusta jugar y la mayoría de los juegos son para Windows.
En fin, para lograr eso tuve que hacer varias cosas. Primero, conseguir una versión de Windows XP que contenga los drivers del disco SATA. Ahí me ayudaron los argentinos de Taringa!. Después vino la súper actualización de Windows uE con service pack 3, cortesía de Bj y que uno se puede conseguir con una buena búsqueda. Luego vino el "D'Oh" cuando recordé que no respaldé los controladores, y quedé con el compu sordo, mudo y miope. Para más remate, para dejarnos atados con Vista los de HP no entregan los controladores para XP (o al menos los esenciales)... O quizás estoy paranoico y están por ahí en la página, el punto es que no los encontré, no estaban donde dicen que están y casi me rindo, pero un usuario que pasó por lo mismo publicó lo necesario en su blog, así que una vez superado ese contratiempo (lo más difícil fue poner el sonido) ya dejé el computador listo... O casi. Falta TATAN validar windows. Ahora está listo. ¡Noooo! Falta el service pack 3. Porque si hay algo que decir de un SO es que nunca está completo... En fin, ahora hablemos sobre lo que vino y viene.
Por otro lado, mi búsqueda de un mejor empleo finalmente dió frutos... ¿O dos? Verán, he ido a cientos de lugares para conseguir un mejor empleo, he enviado ya más de 50 currículums a diferentes direcciones a ver si consigo algo mejor, y hasta ahora mis mejores cartas son sólo dos: O me llaman para vender inscripciones en el Club de Campo Las Vizcachas o voy a que me capaciten para vender cursos de inglés en el Alief. La pregunta es ¿Por cuál me decido?¿el estable y seguro pero difícil (Las Vizcachas) o el no tan seguro pero más fácil (Alief)? No lo sé, lo sabré al despertar mañana. Y aparte que quieren que vaya a KEO o OKE no lo recuerdo bien, para que vean qué nivel de inglés tengo. Pero hay otra cosa interesante: ¿Podré seguir trabajando después, con estudios y todo? Eso es algo que sabré recién en Marzo.
¿Qué pasa en recreación? Pues la semana pasada fui a ver "Persépolis" por segunda vez en el Instituto Cultural de Providencia. Me acabo de acordar que podía ver "Kirikou y la bruja", pero se me olvidó y estaba pendiente de otras cosas en casa. Además, me encanta Persépolis, porque tiene de todo: Te hace reir, llorar, pensar, enrabiar, lamentar, sorprender y bueno, todo lo que uno observa en el público si uno presta atención. Y es que Marjane tiene una forma muy simple pero efectiva de mostrar su punto de vista, y eso es algo que siempre he valorado. Cada vida es tan valiosa como la del vecino, y aunque no muchos han vivido en guerra, puedo asegurar que muchos de nosotros somos como una película en rodaje, esperando el momento de editar y estrenar al público. Y en lo personal siempre he seguido ese tipo de historias, como por ejemplo el caso de Marcela Trujillo acá en Chile. Y de hecho aún recuerdo el pique para ver Persépolis en la única sala del Cinemark Alto Las Condes a las 10 de la noche porque no había otra función. Y eso que me arriesgaba a no tener micro de vuelta. En fin, cuando tenga las 40 lucas compro la colleción de cómics, antes no.
Y en el mismo tema, fui a ver todo el espectro de exposiciones que el Museo Nacional de Bellas Artes ofrece respecto a los 200 años de la narración gráfica en Chile (o cómics, como les decimos de repente). La extendieron hasta Marzo, así que aprovechen de ir a verla. Ahora, si tienen plata y tiempo también vayan a ver las exposiciones de los Mall Plaza Vespucio y Norte. La del Trébol está definitivamente muy fuera de mi alcance en este momento :P
En lo que respecta a Santiago a Mil, pues no fui nunca porque o estaba trabajando o no sabía cuándo ni dónde. Que les sirva de lección: Planifiquen su mes y averigüen lo que hay en cartelera. A ver si para la otra no me pierdo a los coreanos.
También he andado en la odisea de pillar libros de Douglas Adams. Pero eso lo explicaré en otra parte.
Bueno, me quedé con sabor a poco respecto a lo que dije recién, pero esto es sólo un "raspado" de lo que me ha pasado. Más tarde hablaremos más a fondo, mientras configuro mi notebook y recupero la información perdida (o parte de ella).
53 114!!
PD: También pasé hoy por primera vez por un Starbucks. Jamás había probado un café como ese.
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lunes, 4 de febrero de 2008
¿Y qué fue de mí?
¿Qué tal todos? Supongo que la han pasado bien últimamente. Lo que es yo, imagínense todo lo que les tengo que contar aquí, en el lejano pueblo de San Pedro de Atacama, en medio de la nada mejor conocida como el Desierto de Atacama.
Bueno, primero empecemos por el embalaje. Ya había presentado nuestro producto en Taller IV y, francamente, me sentí mucho mejor una vez que terminó esa gran odisea. Para los que no recuerdan, nuestra presentación consistía en una variedad de trigo con resistencia a áfidos mediante sobreexpresión del gen de la fenilalanina amonio liasa (PAL), y para lograr una buena presentación contamos con todo un equipo de apoyo, incluyendo a gente del laboratorio de bioquímica (incluyendo a Ricardo Cabrera), del INIA (Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias) y de otros sectores (como el profesor Argandoña, del laboratorio de fisiología vegetal). Como sea, ya con eso concluído, y esperando la nota final, empezamos una increíble "carrera empaquetadora", en la cuál yo y mi mamá embalamos todo lo que podía ser necesario y lo que podía ser extrañado. Mis hermanos ya habían embalado algo, pero se fueron en avión cuando aún faltaban la mayoría de las cosas, como los muebles y los materiales de la mamá, lo cuál nos dejó trabajando como chinos durante seis días, y en donde también nos ayudó gentilmente Nelsi y su nieto Rodrigo (a quién les agradecemos mucho por lo demás. Pues bien, después vino la odisea de llevarlas a TurBus cargo, donde el tipo se impresionó un poco (un poco digo porque ya habíamos llevado una carga en Noviembre y porque mi mamá siempre envía trabajos suyos a la tienda de mi mamá, lo que la hace cliente frecuente de la compañía) con la cantidad de paquetes que llevamos. De hecho, se necesitaron cuatro viajes para llevar toda la carga.
Ya pues, teníamos los paquetes en camino y ya llevábamos buena parte de los paquetes portátiles en la camioneta. Ea hora de irnos, o al menos eso dijimos el Miércoles. Pero aparecían cosas que no embalamos, una fiesta de despedida para mi mamá y entre eso y los últimos trámites y compras (en donde aproveché de comprar poleras) partimos el Viernes a las seis de la tarde, con la consiguiente despedida de todas las amigas de mi mamá. Igual nos faltaron cosas por hacer. No nos despedimos del Cajón del Maipo, no vimos qué fotografías llevar ni alcancé a enviarle el regalo de cumpleaños a Felipe Medina. Pero ya estábamos encaminados. Teníamos que irnos en ese momento (estamos hablando del Viernes 21 de Diciembre) o si no no llegaríamos antes de Navidad. Por lo que una llenada de tanque, darle pastillas tranquilizantes a la Cleo y partimos en lo que sería mi primer "roadtrip".

Aquí está Cleo en modo "anestesiada". Nótensen los ojos desorbitados.
Primera parada, un servicentro Esso ubicado cerca de Santiago. Tenía hambre y no comimos nada antes de salir de la casa. Así que me comí un churrasco más o menos seco y mi mamá se tomó un café vienés que lellegó como patada en la guata. De ahí nos volvimos a detener en los puesto de La Ligua y compramos dos docenas de pasteles: 12 empolvados y 12 lengüitas. Una vez hecha la compra (y comprobando que los pasteles no estaban malos), seguimos camino hasta que nos venció el cansancio a la altura de Los Vilos. Razonable porque estuvimos empaquetando hasta las cinco de la madrugada la noche anterior y nos despertamos a las ocho para continuar con los trámites. Nos paramos en una residencial con estacionamiento y dormimos.
Dos cosas interesantes sobre esto son que hay algo sobre las camas de las residenciales y cabañas y hostales y demases, o al menos las que se ubican cerca de la costa, y es que todas son duras pero al final siempre terminan moldeándose a tu postura, cosa de que despiertes y veas tu contorno como un molde en el colchón. La otra cosa es que durante todo el viaje íbamos con Cleo en una de esas jaulas para ellos, pero al final la soltamos y la dejamos vagar tanto en la habitación que nos tocó como luego dentro de la camioneta. Así que ahí estuvimos, viendo "Morandé con Compañía" por última vez (allá no llega la señal a través de televisión abierta) y a la mañana siguiente continuamos nuestro viaje.
La primera parada del Sábado fue infaltable: Las famosas empanadas de Huentelauquén. Comimos dos per cápita, mi mamá guardó una, tomamos jugo de papaya y seguimos satisfechos con nuestro desayuno. La siguiente parada fue en Totoralillo, una península (que al principio fue isla) ubicada unos kilómetros al sur de La Serena. Deberían verla, es como un trozo del caribe perdido en Chile (sin contar Bahía Inglesa), con aguas color turquesa y playas blancas. Ahí yo comí un ceviche, mi mamá unos caracoles que al final me dió la mitad, y aprovechamos el día nublado para mojarnos los pies. Y meditamos. Una buena meditación. Para rematarla con una llave "pico de loro" que encontramos al volver a la carretera.

Acá está el famoso lugar donde venden las exquisitas empanadas de Huentelauquén.

La península de Totoralillo.
La siguiente parada fue Coquimbo. Ahí lo primero que íbamos a hacer era pasar al terminal pesquero. Fue lo tercero porque en La Herradura pasamos a la pastelería de las Carmona y compramos pasteles para nosotros y una gran torta a petición de la abuelita. En el camino encontramos un cubrevolante usado en el camino que supusimos que le serviría a Álvaro, del cuál hablaré más adelante. Llegamos al terminal y pasé a comprar las inconfundibles empanadas de marisco del Romané, famosas en todo chile. Comimos y partimos a ver a unos de nuestros pocos parientes que aún no se ha ido de allá: El famoso Tío Oscar. Ahí estaba, en su casa de siempre en el barrio de siempre, con sus reclamos de siempre y sus historias de siempre junto a sus aparatos de siempre y los diarios viejos de siempre. Excepto porque ahora tiene una gallina. Y muChas más flores en el jardín, que es lo que mejor sabe hacer. Mi mamá se llevó unas hierbas, unas plantas y uno que otro codo y nos tomamos esas fotos. Ya con la despedida hecha, pasamos por un invernadero a comprar las últimas plantas y seguimos nuestro viaje.

El tío Oscar con mi mamá y la Cleo.
Vista de la ciudad de La Serena.
Cabe destacar el complejo escenario que es pasar por la cuesta Porotitos y Buenos Aires, por lo que mi mamá tomó el mando en ese momento. Iba a seguir yo, pero mi mamá no soltó el volante hasta que llegamos a su tierra natal, Vallenar. Lo que me sorprendió era que mi mamá tenía razón cuando decía que se parecía demasiado a San José de Maipo. Lo que más le sorprendió a ella era que nada había cambiado en el centro, a pesar de la gran expansión se sufrió la ciudad desde que ella se fue hace más de treinta años. Parecía que el tiempo se hubiese detenido, lo que la hizo reflexionar sobre cómo si ella se hubiese quedado habría terminado igual, sin cambios. Lo cuál para ella era algo que rechazaría de inmediato si le diesen la opción.Imagínense, ahí nosotros en una camioneta con destino al fin del mundo, huyendo de tanto sufrimiento, pero aún así para ella valía la pena frente a lo que veía. Da para pensar, ¿no?. Bueno, estábamos ahí, pues compremos lo típico de ahí: Aceitunas, arrope y pajarete. Las aceitunas fueron lo único que no resultó porque no estaban buenas. En fin, compramos más cinta para arreglar el constructo que hicimos en la camioneta y continuamos bajo la luz del atardecer rumbo a Copiapó.

Cartel que da la bienvenida a Vallenar.
Bueno, ya es noche de Sábado y empieza a darnos hambre, pero no habían restaurantes a la vista con estacionamiento para vigilar, por lo que, aparte de una parada a fotografiar el frontis de la muncipalidad, que tenía una bella representación de arte rupestre, mi mamá manejó hacia Caldera para ver si había alguna posada que tuviese comida para nosotros. Y la había, la única de todo el camino. Y tenían un suculento y gran plato de cerdo a la olla con arroz y papas con cebolla, junto con una bebida y un tazón de té (y con tazón me refiero a casi un plato). Lo único molesto de esa cena (dicho sea de paso, eran como las dos de la madrugada), fue que los televisores estaban "a todo chancho" mostrando una extraña pelea en el ESPN, en la cuál todo valía y el primero que quedaba inconsciente o se rendía era el perdedor. Estos gringos y sus ideas locas y violentas (aunque tienen competencia en lo raro). En fin, las tres se acercaban, había que buscar un lugar para dormir, por lo que seguimos camino hacia Caldera. No había lugar, todo estaba lleno. Seguimos hacia Chañaral. Tampoco había lugar, todo lleno. Proseguimos, hasta que nos venció el cansancio y nos detuvimos en un lugar que pronto descubriríamos que se llama Aguas Verdes. Ahí había un pequeño restaurant que estaba cerrado por falta de víveres, pero igual nos vendieron una Canada Dry la cuál, junto con los dulces de La Ligua que nos quedaban, fue nuestro desayuno una vez despiertos. Manejo yo, llegando hasta La Negra, el barrio industrial de Antofagasta. Un lugar lleno de polvo blanco de las fábricas y palmeras relativamente vivas. Ahí paramos en una Copec más bien dedicada a los camiones (una máquina para gasolina versus seis de Diesel, todas ocupadas), y pasamos al restaurant "La Rueda", para almorzar el menú del día (ensalada, crema de porotos y carne mechada con arroz). Bien, con todo eso más parte del menú de mi mamá manejé hacia Calama con sólo dos paradas: La Mano del Desierto y el Trópico de Capricornio. Para la Mano del Desierto nos sacamos fotos tanto yo como mi mamá, pero en el monolito del trópico sólo me bajé yo y mi mamá me sacó la foto. Una vez en Calama al atardecer hicimos las últimas compras: Un poco de fruta, algo de carne y cosas de perfumería. También pasamos a ver a Josefina, una antigua empleada de mi abuela y a mi abuelo Silvano. Mi mamá retoma el volante camino a San Pedro, y salvo una discusión que tuvimos respecto a mi comportamiento, el viaje resultó bastante tranquilo. Llegamos como a las doce y media, nos saludamos, tomamos once y nos fuimos a dormir.

El mural de Copiapó.

La Mano del Desierto.

Yo en el monolito del trópico de capricornio.

Entrada a Calama.

Josefina con su hijo y su pareja, mi mamá y mi abuelo Silvano.

Última foto del viaje. La Cordillera de la Sal.
En resumen, podríamos decir que fue un viaje lleno de cosas que contar para tan poco tiempo en viaje, pero al fin y al cabo lo que más nos importaba era el destino: El inicio de una nueva vida. Y vaya que nos esperaba bastante en esta nueva vida.
Bueno, primero empecemos por el embalaje. Ya había presentado nuestro producto en Taller IV y, francamente, me sentí mucho mejor una vez que terminó esa gran odisea. Para los que no recuerdan, nuestra presentación consistía en una variedad de trigo con resistencia a áfidos mediante sobreexpresión del gen de la fenilalanina amonio liasa (PAL), y para lograr una buena presentación contamos con todo un equipo de apoyo, incluyendo a gente del laboratorio de bioquímica (incluyendo a Ricardo Cabrera), del INIA (Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias) y de otros sectores (como el profesor Argandoña, del laboratorio de fisiología vegetal). Como sea, ya con eso concluído, y esperando la nota final, empezamos una increíble "carrera empaquetadora", en la cuál yo y mi mamá embalamos todo lo que podía ser necesario y lo que podía ser extrañado. Mis hermanos ya habían embalado algo, pero se fueron en avión cuando aún faltaban la mayoría de las cosas, como los muebles y los materiales de la mamá, lo cuál nos dejó trabajando como chinos durante seis días, y en donde también nos ayudó gentilmente Nelsi y su nieto Rodrigo (a quién les agradecemos mucho por lo demás. Pues bien, después vino la odisea de llevarlas a TurBus cargo, donde el tipo se impresionó un poco (un poco digo porque ya habíamos llevado una carga en Noviembre y porque mi mamá siempre envía trabajos suyos a la tienda de mi mamá, lo que la hace cliente frecuente de la compañía) con la cantidad de paquetes que llevamos. De hecho, se necesitaron cuatro viajes para llevar toda la carga.
Ya pues, teníamos los paquetes en camino y ya llevábamos buena parte de los paquetes portátiles en la camioneta. Ea hora de irnos, o al menos eso dijimos el Miércoles. Pero aparecían cosas que no embalamos, una fiesta de despedida para mi mamá y entre eso y los últimos trámites y compras (en donde aproveché de comprar poleras) partimos el Viernes a las seis de la tarde, con la consiguiente despedida de todas las amigas de mi mamá. Igual nos faltaron cosas por hacer. No nos despedimos del Cajón del Maipo, no vimos qué fotografías llevar ni alcancé a enviarle el regalo de cumpleaños a Felipe Medina. Pero ya estábamos encaminados. Teníamos que irnos en ese momento (estamos hablando del Viernes 21 de Diciembre) o si no no llegaríamos antes de Navidad. Por lo que una llenada de tanque, darle pastillas tranquilizantes a la Cleo y partimos en lo que sería mi primer "roadtrip".
Aquí está Cleo en modo "anestesiada". Nótensen los ojos desorbitados.
Primera parada, un servicentro Esso ubicado cerca de Santiago. Tenía hambre y no comimos nada antes de salir de la casa. Así que me comí un churrasco más o menos seco y mi mamá se tomó un café vienés que lellegó como patada en la guata. De ahí nos volvimos a detener en los puesto de La Ligua y compramos dos docenas de pasteles: 12 empolvados y 12 lengüitas. Una vez hecha la compra (y comprobando que los pasteles no estaban malos), seguimos camino hasta que nos venció el cansancio a la altura de Los Vilos. Razonable porque estuvimos empaquetando hasta las cinco de la madrugada la noche anterior y nos despertamos a las ocho para continuar con los trámites. Nos paramos en una residencial con estacionamiento y dormimos.
Dos cosas interesantes sobre esto son que hay algo sobre las camas de las residenciales y cabañas y hostales y demases, o al menos las que se ubican cerca de la costa, y es que todas son duras pero al final siempre terminan moldeándose a tu postura, cosa de que despiertes y veas tu contorno como un molde en el colchón. La otra cosa es que durante todo el viaje íbamos con Cleo en una de esas jaulas para ellos, pero al final la soltamos y la dejamos vagar tanto en la habitación que nos tocó como luego dentro de la camioneta. Así que ahí estuvimos, viendo "Morandé con Compañía" por última vez (allá no llega la señal a través de televisión abierta) y a la mañana siguiente continuamos nuestro viaje.
La primera parada del Sábado fue infaltable: Las famosas empanadas de Huentelauquén. Comimos dos per cápita, mi mamá guardó una, tomamos jugo de papaya y seguimos satisfechos con nuestro desayuno. La siguiente parada fue en Totoralillo, una península (que al principio fue isla) ubicada unos kilómetros al sur de La Serena. Deberían verla, es como un trozo del caribe perdido en Chile (sin contar Bahía Inglesa), con aguas color turquesa y playas blancas. Ahí yo comí un ceviche, mi mamá unos caracoles que al final me dió la mitad, y aprovechamos el día nublado para mojarnos los pies. Y meditamos. Una buena meditación. Para rematarla con una llave "pico de loro" que encontramos al volver a la carretera.
Acá está el famoso lugar donde venden las exquisitas empanadas de Huentelauquén.
La península de Totoralillo.
La siguiente parada fue Coquimbo. Ahí lo primero que íbamos a hacer era pasar al terminal pesquero. Fue lo tercero porque en La Herradura pasamos a la pastelería de las Carmona y compramos pasteles para nosotros y una gran torta a petición de la abuelita. En el camino encontramos un cubrevolante usado en el camino que supusimos que le serviría a Álvaro, del cuál hablaré más adelante. Llegamos al terminal y pasé a comprar las inconfundibles empanadas de marisco del Romané, famosas en todo chile. Comimos y partimos a ver a unos de nuestros pocos parientes que aún no se ha ido de allá: El famoso Tío Oscar. Ahí estaba, en su casa de siempre en el barrio de siempre, con sus reclamos de siempre y sus historias de siempre junto a sus aparatos de siempre y los diarios viejos de siempre. Excepto porque ahora tiene una gallina. Y muChas más flores en el jardín, que es lo que mejor sabe hacer. Mi mamá se llevó unas hierbas, unas plantas y uno que otro codo y nos tomamos esas fotos. Ya con la despedida hecha, pasamos por un invernadero a comprar las últimas plantas y seguimos nuestro viaje.
El tío Oscar con mi mamá y la Cleo.
Cabe destacar el complejo escenario que es pasar por la cuesta Porotitos y Buenos Aires, por lo que mi mamá tomó el mando en ese momento. Iba a seguir yo, pero mi mamá no soltó el volante hasta que llegamos a su tierra natal, Vallenar. Lo que me sorprendió era que mi mamá tenía razón cuando decía que se parecía demasiado a San José de Maipo. Lo que más le sorprendió a ella era que nada había cambiado en el centro, a pesar de la gran expansión se sufrió la ciudad desde que ella se fue hace más de treinta años. Parecía que el tiempo se hubiese detenido, lo que la hizo reflexionar sobre cómo si ella se hubiese quedado habría terminado igual, sin cambios. Lo cuál para ella era algo que rechazaría de inmediato si le diesen la opción.Imagínense, ahí nosotros en una camioneta con destino al fin del mundo, huyendo de tanto sufrimiento, pero aún así para ella valía la pena frente a lo que veía. Da para pensar, ¿no?. Bueno, estábamos ahí, pues compremos lo típico de ahí: Aceitunas, arrope y pajarete. Las aceitunas fueron lo único que no resultó porque no estaban buenas. En fin, compramos más cinta para arreglar el constructo que hicimos en la camioneta y continuamos bajo la luz del atardecer rumbo a Copiapó.
Cartel que da la bienvenida a Vallenar.
Bueno, ya es noche de Sábado y empieza a darnos hambre, pero no habían restaurantes a la vista con estacionamiento para vigilar, por lo que, aparte de una parada a fotografiar el frontis de la muncipalidad, que tenía una bella representación de arte rupestre, mi mamá manejó hacia Caldera para ver si había alguna posada que tuviese comida para nosotros. Y la había, la única de todo el camino. Y tenían un suculento y gran plato de cerdo a la olla con arroz y papas con cebolla, junto con una bebida y un tazón de té (y con tazón me refiero a casi un plato). Lo único molesto de esa cena (dicho sea de paso, eran como las dos de la madrugada), fue que los televisores estaban "a todo chancho" mostrando una extraña pelea en el ESPN, en la cuál todo valía y el primero que quedaba inconsciente o se rendía era el perdedor. Estos gringos y sus ideas locas y violentas (aunque tienen competencia en lo raro). En fin, las tres se acercaban, había que buscar un lugar para dormir, por lo que seguimos camino hacia Caldera. No había lugar, todo estaba lleno. Seguimos hacia Chañaral. Tampoco había lugar, todo lleno. Proseguimos, hasta que nos venció el cansancio y nos detuvimos en un lugar que pronto descubriríamos que se llama Aguas Verdes. Ahí había un pequeño restaurant que estaba cerrado por falta de víveres, pero igual nos vendieron una Canada Dry la cuál, junto con los dulces de La Ligua que nos quedaban, fue nuestro desayuno una vez despiertos. Manejo yo, llegando hasta La Negra, el barrio industrial de Antofagasta. Un lugar lleno de polvo blanco de las fábricas y palmeras relativamente vivas. Ahí paramos en una Copec más bien dedicada a los camiones (una máquina para gasolina versus seis de Diesel, todas ocupadas), y pasamos al restaurant "La Rueda", para almorzar el menú del día (ensalada, crema de porotos y carne mechada con arroz). Bien, con todo eso más parte del menú de mi mamá manejé hacia Calama con sólo dos paradas: La Mano del Desierto y el Trópico de Capricornio. Para la Mano del Desierto nos sacamos fotos tanto yo como mi mamá, pero en el monolito del trópico sólo me bajé yo y mi mamá me sacó la foto. Una vez en Calama al atardecer hicimos las últimas compras: Un poco de fruta, algo de carne y cosas de perfumería. También pasamos a ver a Josefina, una antigua empleada de mi abuela y a mi abuelo Silvano. Mi mamá retoma el volante camino a San Pedro, y salvo una discusión que tuvimos respecto a mi comportamiento, el viaje resultó bastante tranquilo. Llegamos como a las doce y media, nos saludamos, tomamos once y nos fuimos a dormir.
El mural de Copiapó.
La Mano del Desierto.
Yo en el monolito del trópico de capricornio.
Entrada a Calama.
Josefina con su hijo y su pareja, mi mamá y mi abuelo Silvano.
Última foto del viaje. La Cordillera de la Sal.
En resumen, podríamos decir que fue un viaje lleno de cosas que contar para tan poco tiempo en viaje, pero al fin y al cabo lo que más nos importaba era el destino: El inicio de una nueva vida. Y vaya que nos esperaba bastante en esta nueva vida.
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